martes, 18 de diciembre de 2012

Homenaje a Tolstoi

Cortesía: Google.

Cuando hace siete años cerré la última página de Guerra y Paz, pensé que por fin había logrado concluir algo en mi vida. "En este libro", me decía, "has leído cualquier libro posible". Y es que allí se daba todo: la ironía; la visión que Dios puede tener del mundo contenida en ese narrador que lo sabe todo de los movimientos externos del mundo y de las inquietudes interiores de sus componentes; el valor infinito de un personaje al que el autor no dedica más de ocho líneas en ese millar y medio de páginas apretadas y que con pocos adjetivos y el contenido de una frase descubre toda su dignidad; la belleza de Natasha, que no es perfecta, que con el tiempo se marchita para convertirse en una mujer de mediana edad y caderas anchas que más tarde dormirá en el río inmenso de la Historia; etc. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Recuerdos de Bilbao



Golpeteo de lluvia en el patio interior: un tamborilero percute sin pausa los bancos de plástico barato y blanco colocados junto a la fuente. En el cielo la paleta de grises vomita rutina, cubre de sombras, no despereza el sueño, y en ella parece que todo se repite (las jornadas largas, los momentos tristes, las despedidas en las estaciones, los besos robados). La calle resta medio vacía, sin transeúntes atrevidos cubiertos por capas de plástico; sin conciertos de paraguas que se dan la vuelta por el aire y son acompañados por los ayes y las risas de quienes van quedando expuestos (a veces el contratiempo invita a eso, a la broma, como si casi todo lo que compone la trama de la vida perteneciera al género bufo). A las nueve de la mañana el estallido inesperado de un trueno solitario pone a la ciudad en pie: ha sido tan recio que en la memoria de muchos se han dibujado los tiempos de las bombas en Bilbao. Yo, entre tanto, sigo con el cansancio profundo que sucede a la mononucleosis: cada fibra muscular, la totalidad de las neuronas, el alma que habita en los huesos, no me hablan más que de fatiga. Y desde mi butaca, en esa habitación del piso bajo del patio interior donde el jinete de la lluvia 'viene tocando el tambor del llano' (Lorca), disfruto en mi detenida existencia de penumbra.

J. Aranguren

POEMARIO




Para Greis...


Mi Dios me ha creado
Mi Dios me ilumina si es su voluntad
Estoy encadenado por la médula a su palabra
Vaya  juego estratégico que hacen la cama y tu figura
de vez en cuando me tomas de la mano
Cariñosa, cuando hago el amago de levantarme
y caigo de nuevo a tu cuello
y sigo y sigo no sé cuantas veces
aleteando, como polluelo que se ahoga en el letargo
y la vida se me va entre tus sonrisas
tomo la copa, te la derramo en la cara
enciendo los inciensos más caros y los pongo en cada lugar de la casa por donde tu pases
toco el arpa que nunca aprendí hasta dejar las uñas
y toco con los huesos
canto súplicas, digo llorando
¿siempre he estado llorando?
que suspires a mi costado
que suspires para que se me termine de quebrar el pecho
tomes tu parte y  hagas por fin lo que tienes que hacer
pero sonríes
y de nuevo el sol rojo marcado en la frente
En la misma piedra
en la misma orilla
sobre la misma ola
Tengo un perro que habla de silencio
a veces me cuesta un poco de trabajo entenderle
pero nada que sea muy raro
él sabe cómo hacer su trabajo
antes de que la eternidad se pariera
él saltaba y ladraba, y chorreaba la saliva que nunca salía de su boca
porque caía hacia la nada
y yo pensé, que complicado todo esto
y él me dijo      nada
no gesticuló, pero eso me dijo
a veces lo entiendo
para qué proferir palabra
todas la eternidades y las abuelas de la eternidades
están diciendo
ya no habrá más nada que decir
seguro ni qué pensar
ni qué apuntar con el dedo
ni nada que impresione
ni nada que alarme
ni nada que valga la pena responder
ni tocar, ni oír, ni saborear
si quiera la nada digo ya debería ser posible
por eso calla
cierra los ojos
se traga la lengua
escupe la piel y los huesos
se apaga el alma y desaparece de mi mente y mis recuerdos
para la eternidad siempre.
Jesús Mantilla

domingo, 14 de octubre de 2012

El Quincunce de Charles Palliser



"En la gran tradición de Dickens , con el
genio juguetón de la más intrincada y
brillante trama policíaca, he aquí una
novela inmensa cuyo planteamiento es a la
vez un desafío para la inteligencia del lector
y una puesta a prueba no sólo de su propio
ingenio sino de su fuerza de voluntad:
nadie, que se sepa, ha logrado interrumpir
la lectura de este inaudito éxito
internacional -cualquiera sea la lengua en
que lo haya intentado. El Quincunce , de
Charles Palliser , en sus 1200 páginas y sus
cinco partes, a saber:
La herencia
Los aledaños del infierno
El destino de Mary
La clave perdida
El secreto de las cinco rosas
constituye un prodigioso tour-de-force
narrativo en el cual el autor, mediante el
rigor de las matemáticas, los intringulis del
derecho ingles del siglo pasado y su
asombroso conocimiento de la sociedad
inglesa de entonces y de la naturaleza
humana de siempre, invierte los términos
de la clásica novela victoriana para dar
cabida al universo socioético de hoy. En
este vasto lienzo literario surgen, con
insoportable vividez, las terribles realidades
de una sociedad profundamente injusta -
tanto en los albores de la revolución
industrial, que es cuando tiene lugar la
historia, como hoy en día, que es cuando,
irresistible, se ofrece a nuestra atónita
lectura"

Jaime Sobejano

domingo, 7 de octubre de 2012

Escritor sin enredos



Días de gripe y fiebre. Hoy es el 5°, y tras doce horas de cama sigo con fiebre. La rebelión del cuerpo contra el espíritu vence la mano: apenas he leído en estas jornadas, y queda la sensación vana de que no han servido de nada. En los escasos momentos de lucidez avanzo en la lectura de Nicolás Gómez Dávila, un exquisito y adinerado colombiano que dedicó su vida a su propia educación, viviendo entre miles de libros, devorando páginas, fumando puros y escribiendo pensamientos de apenas una línea de longitud (si la posibilidad de escritura le hubiera acercado al cero, seguro que la habría aprovechado). Escritor de aforismo, cualquiera lo trataría como un Niezsche del 'realismo mágico'. Pero resultaría tal un juicio apresurado: aristócrata, ironista, aburrido de la mediocridad propia del pensamiento moderno y de la democracia, pero también profundamente católico, y con una ortodoxia que a más de un 'reformador' de salón le pondría nervioso. Y es que no hay duda de que Gómez Dávila dice breve, pero siempre con invitaciones al asombro. Franco Volpi prologa con maestría el volumen de Atalanta titulado 'Escolios a un texto implícito' (Girona, 2009, 1407 pp.). Te acerco algunos ejemplos de los textos de las primeras 140 hojas:


- Negarse a admirar es la marca de la bestia.

- Todo es trivial si el universo no está comprometido en una aventura metafísica.

- Ni la religión se originó en la urgencia de la solidaridad social, ni las catedrales fueron construidas para fomentar el turismo.

- Las ideas confusas y los estanques turbios parecen profundos.

- El antagonismo radical entre los hombres se delata en la manera como unos, al hablar del placer, despegan hacia la metafísica y los otros hacia la fisiología.

- El alma crece hacia adentro.

- No vale la pena escuchar a quien no pueda prometer un presente eterno.

- Los críticos patriotas se inventan genios de la literatura pobres. Nada daña más el gusto que el patriotismo.

- El hastío no es fruto de la posesión prolongada, sino del contacto fugaz con mil objetos.

- Rechazar todo lo que el mundo actual predica sería presuntuoso, si desde los hexámetros de Homero hasta los últimos versos de Yeats toda la literatura de Occidente ni predicara lo contrario.

- Ser joven es temer que nos crean estúpidos. Madurar es temer serlo.

- El prestigio de la libertad en esta sociedad que profesa un determinismo científico es un regazo cristiano.

- La tiranía de un individuo es preferible al despotismo de la ley, porque el tirano es vulnerable y la ley incorpórea.

- No hablo de Dios para convertir a nadie, sino porque es el único tema del que vale la pena hablar.

Y sigue, y sigue, y sigue: un hombre rico, desde su casa biblioteca, poniéndose el mundo por montera mientras canta verdades y no le importan ni su publicación, ni su índice de impacto: paideaaristósareté, las tres grandes palabras realizadas en uno solo.

Ahora, a continuar durmiendo.



Javier Aranguren


jueves, 27 de septiembre de 2012

Indiferencia y soledad.




Leyendo hoy el capítulo segundo de Crimen y Castigo, de Fiódor Dostoyevsky, me llamó la atención un personaje, Piotr Petróvich Luchin (prometido de la hermana del protagonista, Raskólnikov). Postulaba, ante este último y dos compañeros suyos, que la mejor manera de contribuir con el crecimiento económico y moral de la sociedad, era preocuparse por uno mismo; decía que solo encerrándose en el mundo de los propios intereses podía uno ser útil a la comunidad. Al leer esto me asaltó un pensamiento: el hombre que se propone estar solo, se vuelve menos humano.

Una sociedad basada en el egoísmo me resulta vacía. El hecho de que se conciba que el amarse a uno sobre todo lo demás; el buscar ante todo el interés personal; en una palabra, el encierro en uno mismo, pueda llevar a un desarrollo saludable individual y colectivo, es indicio claro de que se ha perdido el verdadero sentido de la donación personal.

Ya se han visto muchos casos, y se ha escrito suficiente, acerca de lo que significa y conlleva la despreocupación en cuanto al propio entorno social –aunque esté disfrazada de ese “quiero ayudar a los demás así”–. En resumen, la persona                 –esté en la situación que esté– que se aísla, pierde poco a poco la sensibilidad hacia lo ajeno, la capacidad de identificación con el sufrimiento de los demás, y, finalmente, termina por transformarse en un elemento solitario dentro de una maquinaria que debe operar como un conjunto de partes que conforman un todo sensible.

Sal a la calle y podrás verlo: cómo aquel peatón suelta sin querer algo en medio de la calle y nadie se detiene a ayudarlo; cómo aquel conductor pasa por el hombrillo de la autopista mientras otros hacen la cola; cómo aquel anciano va de pie en el autobús y nadie le ofrece su asiento… Todas son manifestaciones de la misma enfermedad, con la que estamos ya familiarizados. Que existe una indolencia que acaba con la solidaridad, lo comprobamos con angustia día tras día. Y a la luz de éstas afirmaciones es necesario preguntarnos: ¿Es justificable la propuesta de Luchin, de actuar siempre por propio interés? ¿No es acaso esto egoísta?

Recuerdo el disgusto que me produjo el escenario de La Metamorfosis de Franz Kafka –no pretendo profundizar en su contenido sino en la situación que presenta–. Aún puedo imaginar con tristeza cómo Gregorio (o eso en lo que se convierte) se retuerce en la desidia de su habitación inmunda; adolorido, hambriento; su padre lo aborrece, su madre siente repugnancia hacia él. Su hermana, la única que se ocupa de él, ya ni siquiera se interesa por saber cuáles son las comidas que disfruta; o si prefiere los muebles en tal o cual posición –¡su propia hermana!–. Intenta comunicarse, pero en vez de palabras emite chillidos intolerables a los oídos de los demás… De su propia familia…  Al final, eso termina siendo quien se quita a sí mismo la oportunidad del trato afectuoso, un insecto, incapaz de comunicarse. Porque el ser humano es más que realizar funciones básicas; comprende más que todo el trato con personas que comparten nuestra misma naturaleza. Y en esto le tomo la palabra a Savater, en que el hombre se humaniza humanizando, con el trato.

Por fuerza debemos –nos lo exige esa nuestra naturaleza de animal social, como dijo Aristóteles– esforzarnos por salir de nuestra burbuja. Si bien la mayor parte de las cosas que suceden a otros –sean buenas o malas– no tienen nada que ver con nosotros, basta muchas veces con una palabra, un brevísimo gesto, para hacer sentir mejor a ese que está al lado. No se le pide a nadie que sea voluntario en Haití, ni que se una a la Cruz Roja, ni que se vaya a misionar en África (aunque todo esto sería estupendo). Lo necesario no es un gran esfuerzo, un paso gigante. Conviene más ese pequeño y brevísimo gesto, que, a diario, y en conjunto, se vuelve magno.  

Cuando se empieza a examinar a fondo –aunque sea un poco– eso que nos parece el bien propio, nos damos cuenta del sentido de la verdadera amistad y de la caridad. Porque entendemos que ese bien, que creíamos ver sólo en nosotros, se encuentra en la donación personal que mencionábamos al principio. Y de pronto encontramos tanta gratificación cuanto más salgamos de la burbuja. Claro que se va lento, como una tortuga sacando la cabeza del caparazón para ver si no hay peligro.
Antes sería difícil imaginar gratificante esperar en la cola, ceder el puesto en el autobús; pero ahora que podemos entender todo esto mas allá del sencillo deber de hacerlo, que se nos enseña desde niños, reconocemos en cualquier acto por el estilo, por pequeño que sea, un verdadero bien, para nosotros y para el colectivo. Y podríamos hasta llegar a comprender cómo, voluntariamente, nuestras madres decidieron llevarnos nueve meses dentro de ellas (un desentendido, como quizás lo éramos tú y yo, pensaría: ¡Qué fastidio todo aquello! ¡Qué locura!).

Sólo reconociendo el bien propio en el común a todos, y, en especial, en ese que generalmente tenemos más cerca, veremos la luz de una verdadera sociedad que, basada en la amistad y en el amor, se alzará sobre cualquiera que pretenda hacer ver al hombre como un elemento aislado y solitario desde su concepción.



Diego García.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Algunas joyas de la Universidad



En mi visita por la Universidad de Bolonia, Italia. Es considerada la primera universidad del mundo.

Hace unos años, apenas estaba empezando mi carrera, un amigo quería que lo aconsejara sobre si valía la pena estudiar en una universidad. Creo que en aquel momento no pude ayudarlo mucho. Ahora, a pocos días de mi acto de grado para obtener mi título en Licenciado en Comunicación Social, quiero intentar nuevamente responder a esa pregunta por si mi amigo u otro todavía tienen la duda.

domingo, 22 de julio de 2012

Discurso de graduación (5to año de humanidades, Colegio Los Arcos)



Ya han pasado once años, ¡once años! donde hemos compartido, convivido, aprendido, y peleado. Once años donde nos hemos formado; once años donde nos preguntamos muchas veces cuándo llegaría este momento.

Del cine clásico... a ESTO






El cine, como todas las artes que componen la cultura, ha ido poco a poco perdiendo su sentido humano. Quizás es sólo una obligación que impone el tiempo; quizás es sólo una necesidad que pide el público, lo que hace que aquel “arte” suponga un éxito meramente comercial.

Entonces podemos decir que el arte se amolda a los caprichos de las distintas épocas. Y así como una generación era capaz de entretenerse con los clásicos, con lo trascendental, nosotros nos hemos podido entretener con películas mediocres, donde un disparo y una mujer bonita son suficiente motivo para quedar idiotizados frente a la pantalla.

Sin embargo, es más que lógico justificar lo que digo; hacer una muestra factible de cómo el mal cine se ha apoderado de todas las salas… ¡Sobre todo de ellas!... Y cómo le hemos dado importancia a películas de moda o comerciales que a las pocas semanas dejan de ser recordadas,  hasta tal punto de no poder distinguir una buena de una mala película. Y así también, valga la contradicción, cómo hemos tenido en nuestras manos obras magistrales ¡Buen cine! Pero que sin duda hemos despreciado en su mayoría.

El ejemplo perfecto del buen cine moderno ha sido llevado a la pantalla el año pasado con directores como Tate Taylor, Michel Hazanavicius y Martin Scorsesse. El primero de ellos con The Help, dando a conocer una excelente actuación; el segundo con The Artist, mostrando el verdadero arte del cine. Y por último, no menos importante: el fabuloso Hugo. Siendo este film, más que un homenaje al cine y a la literatura (a la cultura), un homenaje a lo humano, una representación amplia del significado de la vida, una demostración exacta de un clásico moderno, de una obra que trasciende, que no se queda en el mero entretenimiento sino que va más allá. Moderno, pues sabe usar los medios que proporciona el avance del cine de la manera ideal, permitiendo que la historia sea el fin y que estos medios sean tan sólo medios.

Y así como existen obras extraordinarias también hay obras realmente malas, que muchas veces no logramos distinguir de las primeras. Hablaré algo sobre las películas de superhéroes, que son las que al parecer gustan más al público, pues proporcionan disparos y mujeres bonitas… Lo que cualquier espectador novato busca en la pantalla.

La única película de héroes que se ha logrado salir del concepto infantil y puramente comercial de superhéroes, ha sido (quizás porque es la única buena que he visto) El caballero de la noche. Una película, (que además de tener lo que tiene cualquiera de este tipo de films), que logra  ser intrigante, humana, con buenas actuaciones, ¡bien hecha! En cambio, a diferencia de Batman, encontramos también las malas películas: La linterna verde, El avispón verde, Soy el número 4… Y, sin duda alguna, aunque sé que enfurecerá a algunos: la última película de Spider Man.

Veamos por qué esta película se puede considerar como mala

Quien ha visto suficientes clásicos comprenderá qué es lo que hace buena a una película. Primero se necesita, claro está, un buen guión. Luego se buscan los actores, y de ahí en adelante todo dependerá del director, de las actuaciones, y de los otros factores que supone hacer una película.

Si quieren ejemplos de buenos guiones que han sido representados con excelentes actuaciones, aquí les doy algunos: ¡Qué bello es vivir!, El Juicio de Núremberg, Sunset Boulevard, Testigo de Cargo, All About Eve, Casablanca, I confess, La Ventana Indiscreta, Lo que el viento se llevó, Qué pasó con Baby Jane, etc., etc… películas que con historias al parecer tan aburridas, tan sencillas y de bajo presupuesto (aunque no todas las nombradas), han sido puestas en pantalla con completa maestría.

¿Y a qué quiero llegar con tantos ejemplos? Pues a poder justificar con otras películas el hecho de que el guión del último Spider Man es realmente malo (por no decir otra cosa). Y quizás es esto lo que haga que las actuaciones del reparto sean tan débiles (no así como la primera de la saga pasada, con Tobby Maguire y Kirsten Dunst). Asimismo, y no exactamente por culpa del guión, no hay ninguna fusión entre Emma Stone y Andrew Garfield… ¡Sí! La historia de esta película es más estrecha al comic, pero la anterior tenía, sin duda alguna, mejores actuaciones y una mejor adaptación de la historia. Pues una cosa muy distinta es contar un buen cuento que contar bien un cuento.

Luego tenemos las innumerables películas de miedo. Todas parecen competir por un Oscar caduco. O películas realmente RIDÍCULAS, y se puede decir con suficiente franqueza, como El último día de la humanidad. Hay otras que por simple contenido son malas, ya que no transmiten absolutamente nada y que para colmo degradan nuestra naturaleza humana. La Naranja Mecánica (Éste es un ejemplo perfecto de cómo los medios se imponen al fin; siendo una película simplemente estética en el empleo de los medios, pero nada trascendental sino mas bien degradante en el contenido), por ejemplo, o Crepúsculo… sin comentar mucho acerca de lo que puede ser el libro: una de las basuras más caras que proporciona la moda literaria, que la tomas, la lanzas y luego no vuelves a leer más nunca en tu vida… O al menos espero que el ingenio de lectoras adolescentes dé para más…

Y así como el mal arte nos roba el dinero y nuestro valioso tiempo, logra aportarnos… ¡NADA!, pues le quita toda posible humanidad que atente contra el entretenimiento idiotizado de senos y pistolitas. Porque son películas dirigidas a un público tan sólo capaz de divertirse con eso… y, al parecer, el común de los espectadores, actualmente, hemos respondido ante tales requerimientos vergonzosos, ante aquel nivel tan bajo. Nos hemos convertido en un público incapaz de apreciar al verdadero Séptimo Arte que, más allá de poder rebajarse a un arma letal contra nuestra propia naturaleza, puede engrandecer lo más digno del hombre, hasta tal punto de cambiar vidas; de ascender el sentido humano a través de la verdadera belleza.

A.F.

jueves, 26 de abril de 2012

Carta a una lectura


Querido amor difuso:

He dejado de verte por un instante y no me resisto. Volteo y aún estás a mi lado, esperando a que te observe con mayor detenimiento, con mayor detalle, con mayor interés. Veo tu rostro a veces tan anticuado que con el tiempo se daña y se perfila dentro de la belleza de tu interior. Veo surgir los años, y a medida de que envejeces no lamento el tiempo a tu lado, el lugar que te he reservado, para mis ojos, para mi simple predilección. Siento que sólo te aborrezco, te hago envejecer y te lastimo pero al mismo tiempo te tengo en mis brazos, te disfruto como nada en la vida y te observo con placer, poco a poco.

Cada cosa que forma tu interesante mundo hace que llore, que ría, que me lamente, que sufra junto a ti por el cruel destino en el que me has hecho vivir. Y sin necesidad de soltarte, te sigo sosteniendo en mis brazos con la mirada fija en aquella maravillosa belleza, perfección en la que sólo tú te engrandeces.

Pero he decidido cambiarte, el destino cruel ha deparado otro lugar para ti; quizás no el más llamativo en todos los ojos que observan mis antiguas víctimas, pero sí en aquel en el que pocos son los dignos de ocupar…

Te he recordado hace tanto tiempo que ya los recuerdos se desvanecen con los momentos ahora vividos, con los mundos soñados y creados del que tú ya no eres parte, del cual ya no eres motivo de exaltación. Pronto me arrepentiré, lo sé, me sentaré en tu regazo y disfrutaré esa simple observación que con el pasar de aquellos infinitos segundos, minutos, horas, se convertía en el más grande de los deleites, se transformaba en otra serie de experiencias que con simples palabras jamás podré expresar.

He decidido amarte por lo que eres capaz de hacerme sentir pero, he decidido ignorarte, ya que tu mundo lleno de fantasiosas y diversas distracciones no regocijan la mera curiosidad a la que lleva este amor insaciable, aquel que tu moderada extensión no logra acallar.

Figurando todos estos hechos no olvido aquellos que ya me hiciste sentir. Ten por seguro que alguna vez lo repetiremos, pero no ahora, hay muchas bellas creaciones en la cual gloriarse, hay muchos mundos distintos al tuyo que jamás podrás conocer, ya que tú misma no te perteneces; has nacido para ser amada, no para amar.

Pero ¡Ay! De aquella que venga hacia mí sin nuevas aventuras, ten por seguro que la arrojaré lejos, allá donde el horizonte se remonta a lo más repugnante; y te seguiré de nuevo con mi mirada. Y aunque seas rápida, lenta, confusa, compleja, ambigua, te tendré de nuevo, te estrecharé en mis brazos y podré hacer de ti no más que una esclava, aquella que permita apreciar cosas distintas, diversas experiencias extrañas para aquel que las sabe apreciar.

Te cambié, lo reconozco, pero nunca te fui infiel en el momento en que te tuve. Eras demasiado interesante para deshacerme de ti como cualquier cosa; eras demasiado misteriosa, locuaz e impertinente como para abandonar tu jovial ser que con los años no cambiaré  pero que inevitablemente se volverá añicos.

Me has acompañado en innumerables fatigas que por tu presencia me has hecho agradable; me has acompañado en malas ratos en los que sólo tú sabes alegrarme; y me has seguido el rastro en las buenas, alegrándome más el día, llenándolo de dolor quizás, pero nunca despreciando el gran gusto que siente un lector por ti.

He decidido amarte por tu contenido, mas no por tu portada. Sé que algún día te cambiaré pero siempre te tendré a mi lado, siempre estarás ahí para que de vez en cuando desaparezca de este mundo y me muestres el tuyo, algo distinto, algo diferente que sólo grandes locos como yo, un común lector, comprenden.

A.F.

lunes, 9 de abril de 2012

Bebé “a bordo”



Todos los hombres y mujeres sabemos que el sentimiento más grande de la vida es hacia los hijos. En el mundo entero, a pesar de las distintas creencias y culturas, coincidimos en esta inmejorable alegría.

No hace falta hacer un curso para aprender a quererlos, ni comprar un libro por internet. Simplemente,  cuando la casa empieza a llenarse de hijos,  el corazón crece tanto que automáticamente  le damos más sentido a todo lo que nos rodea. Hace poco oí decir a una madre “cuando se tiene un hijo sí provoca vivir, trabajar y sonreír”.

Sin embargo, no entiendo cómo hay mujeres que deciden interrumpir el embarazo por distintos motivos.  Quizás insistan en que fueron víctima de una violación, en algunos casos, o que al bebé le diagnosticaron una grave enfermedad o malformación en el vientre. Muchos médicos apoyan esta situación diciéndole a los padres “si no viene completo, mejor lo sacamos.  No lo hacemos sufrir y a ustedes tampoco”.

Obviamente, hay situaciones difíciles pero bajo ningún motivo podemos prohibirles el derecho a nacer. Después de la fecundación, ya hay un embrión con cuerpo y alma. Aunque muy pequeño, existe un ser que viene a acompañarnos por alguna razón y no tenemos autoridad de cancelar sus planes.

Una opción que ofrecen cientos de organizaciones a las madres con embarazos no deseados, es dar a sus bebés en adopción a parejas que tras varios años de matrimonio tratando de concebir, no han podido por problemas de infertilidad, edad o cualquier otro. Conozco varios que sí están dispuestos a recibir hijos ajenos para criarlos, amarlos y formarlos como si fueran suyos.

Por otro lado,  conocí una familia  que de sus 4 hijos uno presenta  retardo  mental.  Su padre, quien sobrepasa los 60 años, caracterizado por ser demasiado alegre, ha dicho muchas veces que esa es la bendición más grande que han recibido de Papa Dios.

A otra niña muy linda con apenas 3 meses de gestación, le diagnosticaron síndrome  de hipoplasia de corazón izquierdo, una grave patología cardíaca cuyo porcentaje de salvación según los médicos era de 0%. Los padres,  a pesar de su preocupación, decidieron recibirla. Desde que nació,  la bella jovencita fue llamada  “Gladiadora”, dado sus incansables esfuerzos por superar dicha condición. Hace poco, a punto de cumplir  5 meses, Papa Dios decidió llevársela al cielo. Con una ilimitada tristeza, su familia aguanta el trago amargo de su desaparición física. Pero también tienen una profunda paz por haberse comportado correctamente. Tanto así que el mismo día del lamentable  hecho, su papá aseguró que fueron los meses más felices de su vida.

Entonces, con tan valiosos ejemplos, creo que sí vale la pena incluir a bordo de nuestros hogares a todos los niños que la vida nos quiera dar.

Luis Daniel Ramírez Gil

jueves, 29 de marzo de 2012

Mi modelo a seguir, tu modelo a seguir




Todos los jóvenes queremos tratar de imitar a esa persona que nos quita el aliento, sin saber si es para nuestro bien o para nuestro mal, y tú formas parte de ellos; cambiar nuestros gustos, nuestra personalidad, sólo para agradar a una persona que no te toma en cuenta y ni siquiera sabe que existes.

Sólo hay una persona en este mundo que sí sabe quién eres y que quiere el bien para ti, pensarás ¿quién podría ser?, y al decir el nombre, dirás: “él no está de moda”… Esta vez te equivocas… Jesucristo es el hombre perfecto, es el camino, la verdad y la vida. Sueñas con vivir una vida perfecta y yo, una cristiana igual que muchos, te diré cuál es el camino: imitar la vida de Jesús. No en su totalidad, pero sí en sus actitudes más profundas, como la humildad, la obediencia, la oración, la verdad. Sólo con esto tu vida será perfecta, y Jesús no las enseñó al saber nuestro origen, nuestra felicidad y nuestro destino final. Somos vida porque Él nos dio la gracia para poder vivir esa perfección.

Entendemos el mal que cometemos al “imitar” a una persona que al final no son ellos mismos, nosotros podemos cambiar al mundo, podemos cambiar esa forma de pensar.

 Desde el bautizo, desde que somos hijos de Dios, cumplimos eso que le llamamos filiación divina; esta palabra tú la puedes poner de moda, practicando esa perfección que tanto deseas tener, y que muy fácil tú la puedes cumplir. Sé que serás capaz de entender este mensaje, esta reflexión que podrá ayudarte a tener esa vida perfecta sin tener que imitar a aquella persona que no te entiende, que no te ama, que no sabe realmente quién eres y que no te lleva a vivir esa vida que la tenemos a un paso de nosotros.
.
Giovanna Urdaneta
14años
Bachiller segundo año, Colegio Altamira

domingo, 18 de marzo de 2012

¿Depende De Ti?


 

Hoy en día existe un auge de talleres de liderazgo con títulos como: “Se Dueño de tu Futuro”, “Logra tu Meta”, “Tú Si Puedes”. Podría continuar, sin embargo, ¿a dónde nos conduce esto? Al final todos dicen lo mismo en distintas palabras. Dictan que si de verdad lo quieres, lo puedes conseguir, porque es cuestión de determinación.

Su idea principal es acertada. El problema empieza cuando se le hace creer al individuo que realmente es capaz de cualquier cosa. Según la Real Academia, “éxito” es el “resultado feliz de un negocio, actuación etc”. Asimismo, comprendemos la subjetividad del tema. En muchos casos aquello considerado como un triunfo para unos, no lo es para otros.

Hay quienes consideran la notoriedad laboral la mayor victoria, a diferencia de los que encuentran una mayor satisfacción en el ámbito sentimental. Ésta es la razón por la cual la teoría se derriba. Al involucrar las emociones de otra persona se está expuesto al fracaso. Es un agente incontrolable, desde el mismo momento en que ignoramos si existe interés por la parte contraria. Aun siendo así, una de las partes podría cambiar y no haber forma de obtener lo deseado. Por consiguiente, el proponerse tener una relación con una persona específica como meta sería un caso perdido si ésta ha demostrado apatía o rechazo. El simple hecho revela las pocas probabilidades existentes de ganar. No obstante, al tratarse de una finalidad laboral no hay límites para triunfar.

Denise Rodríguez Dao.
4to Año Academia Merici.

lunes, 13 de febrero de 2012

domingo, 12 de febrero de 2012

Sentir el corazón entre los brazos


Me quedé observándola. No sabía si llorar de felicidad o reírme por los nervios. La tenía en mis brazos. Una lágrima rodó suavemente por mi mejilla. La volví a mirar pero esta vez con más detalle. En ese momento cuestioné mi capacidad como persona. Preguntas invadieron mi mente. - ¿De verdad soy la persona que una vez soñé ser? ¿Cómo seré con ella? ¿Acaso me admirará algún día?-. Todo pasa tan rápido y ahí, en ese instante, me doy cuenta que la vida es tan corta que parpadeas y pasan años. El pasar del tiempo nos hizo reír, nos hizo llorar, nos hizo ser mejores personas… o peores. También me dio muchas lecciones. Ese es el momento en el que te das cuenta de que vas a crear nuevos recuerdos, nuevas expectativas, nuevos sentimientos y que nadie podrá detenerlo. Me quedé observándola y esta vez pensé cómo la haría feliz. Una caricia, un beso, un abrazo. – Solo necesita cariño – escuché, y sentí cómo mi corazón latía. 

Como en las películas empezó a sonar música de fondo. Era suave y transmitía mucha tranquilidad. Tenía cerrados los ojos y descubrí que es perfecta. No encontraba palabras para decir todo lo que pensaba. Solo quedábamos ella y yo internadas en otro mundo, de sueños y de fantasía. Y la seguía viendo. Me preocupé por el dolor que algún día sufriría, por el maltrato que le causaría otra persona, por la decepción que quedaría en su cara. – El mundo no es un lugar seguro para Camila – dije en voz alta mientras mi cara expresaba tristeza. A lo que mi madre respondió: - se sentirá segura contigo ya vas a ver. La tengo que proteger, era lógico, pero cómo. Volví a cuestionarme pero hay que aprender que la vida está llena de momentos perfectos, de miedo, de tristezas, de felicidad, de tantas cosas que nos enseñan cada día a vivir.

Ella simplemente es mi perfecta creación. Sentí su corazón entre mis brazos y sabía que la iba a amar siempre. Es ese amor de madre que no es falso, que no miente, que no necesita mentir. Es ese amor que supera los límites y ¿qué límites son los que necesita ese amor? Ahora pienso y pienso, y me pregunto ¿cuántas veces sentí ese corazón entre mis brazos?

Rebecca González

sábado, 11 de febrero de 2012

PRIORIZAR EL AMOR





  
A propósito del día de los enamorados que se acerca, y que ahora también llaman el día del amor y la amistad para hacerlo aún más comercial. Me doy cuenta que sólo se le da importancia a la parte material del asunto: el hecho de dar  y recibir regalos para demostrar cuánto quiero y cuánto me quieren, cuando lo que se debe priorizar es el afecto. Pienso que si diéramos al amor el primer lugar en nuestras vidas éste sería un mundo mejor. Lo que necesitamos dar y recibir no son regalos sino palabras y gestos que expresen lo que sentimos por nuestras parejas, familiares y amigos. No creo que los regalos estén mal en sí, sólo digo que no son lo más importante. Muchas veces una palabra de aliento, un abrazo o una palmadita en el hombro, nos hacen sentir más satisfechos y apreciados que los obsequios; lo que necesitamos es calor humano y saber que tenemos a alguien que nos quiere.

Así que si el presupuesto no te alcanza esta quincena para comprar obsequios, no te preocupes… Haz llamadas telefónicas para decirle a alguien cuánto lo quieres; regala un abrazo al amigo(a) que siempre está a tu lado; escribe una carta expresando tus sentimientos, se creativo hay muchas formas de expresar sentimientos. Tampoco esperes el día de las madres paro decirle a tu mamá cuanto la amas, estoy segura que apreciará más una palabra y un abrazo sincero que el más grande de los obsequios. Al final, cuando partimos de este mundo, lo único que nos queda es el amor que dimos y recibimos, y cuando tengas ganas de regalar hazlo sin importar la fecha. Vivimos esperando ocasiones especiales para todo, cuando cada día es una ocasión especial, un milagro de  Dios. No esperes más, vive y ama hoy.

Mayte Zavarce

jueves, 9 de febrero de 2012

Medianoche En París


Título Original: Midnight in Paris
Director: Woody Allen
Reparto: Owen Wilson, Marion Cotillard, Rachel McAdams, Michael Sheen, Cathy Bates, Corey Stoll, Tom Hiddleston.
Año: 2011, Sony Classics
Género: Comedia Romántica

Un escritor es transportado al París de los años ’20, donde conoce a los escritores y artistas que tanto admira.

            Gil (Owen Wilson) es un joven guionista con grandes ambiciones el cual está probando suerte como futuro escritor y que se encuentra próximo a contraer matrimonio con su novia Inés (Rachel McAdams). Ambos emprenden una visita vacacional junto a los padres de su prometida a Paris. Gil es un enamorado de la magnífica ciudad, de su historia y cultura; pero más que nada, de los años de entreguerras, conocida por ser el centro cultural de escritores y artistas que él profundamente admira. Por otra parte, Inés y sus padres son indiferentes frente a las aspiraciones y sueños del joven guionista. Una noche Gil, cansado de la apatía que siente su prometida hacia él y sus aspiraciones,  decide caminar por su cuenta. En busca de retornar a su hotel, ebrio y desorientado se pierde por las calles de la ciudad que tanto ama  y, en punto de la medianoche, es trasladado en un automóvil al antiguo París de los años `20, a una reunión donde conoce a los personajes por los cuales siempre ha sentido admiración, entre otros F. Scott Fitzgerald, Ernest Heminghway, Pablo Picasso y Gertrude Stein, Salvador Dalí. Allí también conoce a Adriana (Marion Cotillard), una hermosa francesa, que al igual que él siente una nostalgia por una época más antigua del Paris y, de la cual se enamora, cayendo en dudas acerca de su compromiso con Inés.

En una atractiva y amena perspectiva el Guionista y Director Woody Allen nos ofrece una producción con un maravilloso recorrido por París. Con una grandiosa fotografía que  ilustra en su esplendor la grata belleza de esta ciudad. Al mismo tiempo, imponiendo su ingenio y creatividad, nos maravilla en este largometraje ligero con una pizca de comedia que en sus 94 minutos nos admira, nos entretiene y nos asombra. Pero más que nada, nos enseña cómo la verdadera felicidad debe ser guiada por nuestros sueños, aspiraciones y metas; cómo debemos vivir los momentos aquí y ahora, sin esas nostalgias fantasiosas y estériles. Los personajes de la época, perfilados sucintamente en características únicas y extravagantes nos exponen una ola de divertidos y desenfrenados acontecimientos que divierte y atrae en, sin lugar a dudas, una ingeniosa producción de primera mano del Fascinante y feraz Director Allen.

Nestor Escobar

martes, 31 de enero de 2012

La información quiere ser libre



La internet de 1996, cuando comenzó su acelerado crecimiento, es casi irreconocible de la Red que tenemos hoy en día. Más allá de cambios cosméticos, su nuevo estatus de medio masivo, de acceso virtualmente generalizado ha cambiado fundamentalmente la forma en que muchas personas se relacionan e interactúan con el mundo. Pero no solo el crecimiento y acceso es responsable de la integración en la vida cotidiana de gran parte de las personas del mundo post-industrial. La velocidad de transferencia de datos ha sido un factor fundamental. Debido a las tecnologías de fibra óptica y otras formas de conexión de banda ancha, el acceso virtual a cualquier cosa que pueda ser traducida en ceros y unos es posible y cotidiano. Ya no solo se trata de hipertexto e e-mails, sino de una Red que contiene casi cualquier cosa que sea comunicable entre seres humanos.

Pero los conflictos intrínsecos en este sistema informático no son nuevos. A partir de la invención de servicios de distribución de archivos, con Napster en 1999, y la siguiente lucha legal que muchas disqueras e industrias culturales han comenzado para proteger sus contenidos, una vieja frase se ha vuelto a popularizar, como un mantra que se repite a través de blogs y foros: “La información quiere ser libre”.  La frase original fue pronunciada en una conferencia de hackers en 1984 por Stewart Brand, creador del Whole Earth Catalogue, un compendio de ensayos y artículos de la contracultura norteamericana  que ha sido llamado uno de los precursores de la World Wide Web por Steve Jobs. Sin embargo, la versión original de la frase afirma que “Por un lado la información quiere ser costosa, porque es muy valiosa. La información correcta en el lugar correcto simplemente cambia tu vida. Por otro lado, la información quiere ser libre, porque el costo de obtenerla se vuelve cada vez más bajo. Tienes entonces a estas dos tendencias peleando mutuamente”. La cultura hacker, si es que se puede hablar de tal cosa, ha tomado solo la parte que les interesa y lo ha convertido en su lema. La creencia de que la información debería ser libre.

A partir de los años sesenta, la ciencia ficción norteamericana comenzó a cambiar fuertemente de dirección. Si bien popularmente se reconoce la ciencia ficción por producciones filmográficas posteriores, como La Guerra de las Galaxias, el género literario, una corriente casi independiente de estas manifestaciones, estaba dejando las filosofías modernas positivistas a las cuales se apegó durante la “Era Dorada” de la ciencia ficción y pasó a convertirse en un género de fragmentación, incertidumbre y experimentación. Claramente influenciada por la contracultura norteamericana, pasó de tratar temas como viajes espaciales y dramas robóticos para estudiar el significado de la realidad, las consecuencias de las drogas y la conformación de la sociedad. Muchas manifestaciones del género en la época tomaron entonces la forma de crítica a la sociedad donde se vivía, llevando a sus últimas consecuencias algún concepto como el totalitarismo o la guerra nuclear. Se convirtió en un género que no solo trataba de prever o sorprender, sino también de denunciar. Los años ochenta recibieron la manifestación más clara de literatura de denuncia dentro de la ciencia ficción: el género cyberpunk.

El comienzo de Neuromancer inaugura una nueva etapa en la ciencia ficción: El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto. La novela de 1984 no solo introdujo el uso de figuras literarias tecnológicas, la metáfora de la era informática, sino que inventó un nuevo arquetipo de héroe: el hacker. El experto informático se convirtió en la figura central de un hipotético futuro gobernado por corporaciones y gobiernos dracónicos, donde la única libertad del individuo se encuentra en la Red de Redes, en sus diversas manifestaciones. A tal punto esta red es central para las historias que el autor William Gibson fue la persona en acuñar el término ciberespacio. Muchas de las cosas que hoy en día son dadas por sentado, fueron previstas en estas novelas.

Ciertamente el mundo postindustrial refleja mucha de las características que la ficción de los ochenta tenía prevista, pero incluso la marginalización por falta de acceso a estas tecnologías son contempladas tanto en el Tercer Mundo real como en la novela cyberpunk. Aunque por lo general híper-realistas o, si se prefiere, híper-pesimistas, el arquetipo creado por las novelas ha calado fuertemente en la cultura globalizada. El hacker es entonces la encarnación de la filosofía que reza “la información quiere ser libre”.

El pasado 17 de Abril cuatro jóvenes suecos recibieron la condena de un año en prisión y una multa aproximada a 3.500.000 dólares americanos. Su crimen no fue robar un supermercado, o un carro, ni si quiera una tienda de música. Su crimen fue facilitar el intercambio libre de información protegida, mantener y promover la página de torrents The Pirate Bay. El mismo día de la sentencia, un grupo de activistas se reunieron a protestar en las afueras de la corte. Aunque parezca ser un dilema de fácil resolución, aplicar leyes tradicionales a delitos digitales no termina de parecerles correcto a muchas personas. Parece incluso que una nueva ética, un nuevo paradigma de intercambio de información quiere aparecer. Pero no es más que el viejo conflicto que aquella conferencia de hackers anunciaba. El costo y libertad de la información siempre estarán en contraposición. Los jóvenes que pagan condena defienden estoicamente la ética del hacker: el delito digital es en realidad liberación de la información, es hacer lo correcto. Es la respuesta del individuo en un mundo de excesivas regulaciones.

Sea correcto o no, la aplicación de leyes tradicionales para delitos digitales no es viable. El pasado 31 de julio Joel Tenenbaum, estudiante universitario norteamericano, fue multado con un total de 675,000$ por bajar y compartir 30 canciones protegidas por leyes de copyright. La suma supone que eso devolverá los gastos ocasionados de manera justa, pero es imposible saber cuál fue el daño real detrás de esas 30 canciones específicas: no se puede saber cuántas personas dejaron de comprar las canciones por Tenenbaum, ni quienes terminaron haciéndolo precisamente gracias a la disponibilidad de las canciones. El caso, más allá de hacer justicia, evidentemente intenta ejemplificar los peligros de bajar música ilegalmente. Sea ético o no queda a juicio de cada persona, pero es evidente que la intención no es hacer justicia. No es viable enjuiciar a cada una de las personas en el mundo que ha cometido este delito de esta manera. Es necesario encontrar una alternativa al asunto legal de la disponibilidad de la información.

Las historias que conformaron el género cyberpunk lograron recopilar tempranamente y quizás hasta inspirar un movimiento que tiene una vigencia indiscutible. China y otros países han comenzado a bloquear grandes partes de la Internet, mientras corporaciones utilizan todas las medidas legales posibles por eliminar lo que consideran una amenaza. Un nuevo medio masivo significa mucho más que solo una nueva forma de comunicación, es una lucha de poder constante, es un recurso de poder. Pero aún así, por más que se intenta regular y ocultar, hoy más que nunca la información parece tener la tendencia de tener mayor alcance.  En una entrevista hecha por la página digg.com, el músico Trent Reznor, líder de la banda de rock industrial Nine Inch Nails, afirmó ante la cuestión de su modelo de negocios: “Cuando te digo que te doy música gratis, realmente no depende de mí que te dé música gratis: ya es gratis de cualquier forma, para quien quiera admitirlo. Básicamente cualquier pieza musical que quieras es gratis en la Internet de cualquier forma.”

Christian Bogado Marsá.